22 de noviembre de 2019
El recuerdo latente de Víctor Daniel Fino, a 20 años de su partida
Familiares y amigos invocaron al respetado piloto puanense, quien perdió la vida en un trágico accidente de tránsito.

“Solo muere quien se olvida”. Lejos de ser una frase hecha, y menos que menos un mecanismo de defensa para hacer frente al dolor de una pérdida irreparable, quienes hayan lamentado algo semejante con un ser cercano, entenderán que realmente es así...

   Entre fotografías, videos, testimonios e historias, logramos (en cierta medida, ¡claro!) recrear la imagen humana y deportiva de Víctor Daniel Fino, un recordado y respetado piloto de Midget, que hace exactamente 20 años se llamaba al silencio eterno.

   Fue un día como hoy, cerca de las 16, cuando el puanense, de por entonces 38 años, era víctima de un accidente fatal en la ruta provincial 67, a unos quince kilómetros de su localidad natal, luego de perder el control del Ford Mondeo que conducía, el cual cruzó la cinta asfáltica, chocó con una alcantarilla en la banquina opuesta y dio varios tumbos.

   Con su partida, la actividad midgística perdió a uno de esos volantes que, por personalidad, temperamento y espectacularidad conductiva, uno naturalmente incluía en el lote de “peso pesado”, aún cuando su presente competitivo distaba de los primeros planos...

   Fino desembarcó en el Midget en 1987, de la mano de Adriano Camilli, quien le facilitó un chasis con motor Fiat 1600 preparado en su taller, con el que el puanense comenzó a despuntar el vicio del derrape. 

 El entusiasmo creció, al punto que, 4 años más tarde, Fino, con pasado en Karting, apostó a un chasis Medina y al motor Dodge; herramienta que, el 6 de febrero de 1992, en el mítico Anillo Naranja de Tiro Federal, lo llevó al primero de sus siete triunfos estivales.

   “Recuerdo que aquel día le ganó un mano a mano tremendo a Daniel Vicente. En la llegada, 'El Flaco' le pegó a las tablas y terminó en sentido inverso” recuerda Julio González, uno de los grandes amigos de Víctor.

   La época gloriosa del puanense se remonta al Estival 1995/96 (ya con chasis propio), último ciclo en el anillo tirense, temporada que lo consagró subcampeón de la categoría, detrás del dorreguense Fabián Colturi, con quien batalló hasta la última programación.

   A partir de allí, el protagonismo de Fino mermó con el paso de las carreras, debido, casi exclusivamente, a la necesidad de ganarse la vida con las tareas agrícolas. “Trabajaba en el campo, pero lo que realmente le apasionaba eran los fierros”, nos cuenta su hija, María Virginia (22).

   Hecha una pequeña reseña deportiva, pasemos a los testimonios de los más allegados. Ellos nos ayudarán a recordar mejor a Víctor Daniel Fino. 

“Me siento identificada con él”

   Apenas dos añitos y medio tenía María Virginia cuando el destino irrumpió en la vida de su papá aquella trágica tarde de noviembre, cuando, motivado por iniciar un nuevo proyecto mecánico en el Midget, Víctor se dirigía a Pigüé.

   “Más que nada sé de él por lo que me cuenta mi familia. Tenemos muchos videos y fotos de sus carreras, así que cada tanto miro todo. Me pone contenta que se acuerden y que lo tengan presente. No tengo mucho registro de cosas vividas porque era muy chiquita, pero me siento identificada con él”, contó Virginia, estudiante de abogacía.

   “Ahora que estoy en Bahía, me pasa que hablo con padres o madres de mis amigas y muchos lo han conocido; ya sea porque han trabajado en el ambiente o por haber escuchado alguna vez de él.”, agregó.

   “Trabajaba en el campo, pero lo que realmente le apasionaba eran los fierros. Su sueño hubiese sido tener un súper taller y vivir de eso. Por lo que me cuentan, era muy sacrificada su vida en el campo y lo sufría un poco. El viaje en el que justamente se accidenta, estaba yendo a buscar elementos para armar un Midget.” 

“Era como lo veíamos en la pista”

   Lisa y llanamente, así lo define Patricia Krieger, su compañera de vida y la madre de su hija, quien, ante nuestro requirimiento, pidió tomarse su tiempo para escribir unas líneas y expresar mejor sus emociones.

   “Cuando pienso en Víctor se me viene la imagen del taller del Tío José, con toda su familia armando el auto de carreras para el viernes; horas robadas al sueño con mucho sacrificio y dedicación. De esa época me quedaron infinidad de amigos”, citó.

   “De los siete años que compartimos de nuestras vidas, sin lugar a dudas lo mejor de Víctor quedó en su hija María Virginia. Él era sencillo, amigable y muy dedicado a su pasión de los motores; muy capaz, audaz, arriesgado y valiente. Era como lo veíamos en la pista”, cerró. 

“Víctor era como un hermano”

   Al consultar por sus amistades más cercanas, todos mencionan a Julio González como el gran compañero de aventuras del recordado puanense.

   “El Negro”, quien acompañaba a Víctor aquella tarde de noviembre de 1999, trató de brindar precisiones sobre lo ocurrido en aquel lamentable suceso; una herida que nunca sanará...

   “Era amigo y compañero de tareas en el campo. Aunque más que amigo, para mí Víctor era como un hermano. Nos conocimos a las 13 años en un taller, y de ahí nunca más nos separamos. Era sencillo, compañero y laburante como pocos. Nunca te iba a dejar a pata en nada. Pasaron los años pero todavía sigo con dolor cuando lo recuerdo”, rememoró. 

 “Nunca supe bien que pasó. La ruta tenía muchos pozos, y de golpe el auto se puso de costado y se cruzó al carril contrario. Como íbamos sin cinturones, cuando pega en la alcantarilla automáticamente salimos despedidos”.

   “Yo estando en la ambulancia, y luego en el hospital internado, preguntaba a los que se acercaban '¿Dónde está Daniel?, ¿está vivo?'. Me decían que sí para que no me suba la presión, porque tenía la cabeza tan hinchada que me podía agarrar algo. Me acuerdo que los facultativos que llegaron en ambulancia me cargaron primero a mí, diciendo que yo era el más comprometido. ¡Y no!, después me enteré que cuando lo cargaron a Daniel, ya estaba fallecido. Ahí se me vino el mundo abajo”, recordó entre lágrimas.

   “Íbamos a una carrera con todo impecable y nos volvíamos con todos los fierros en una bolsa. Muchos de los que lo acompañaban le pedían que cuide el auto. Recuerdo que muchas veces, antes de largar, me decía: '¿Qué hacemos, plata o mier...? Y bueno, lo piso todo' (risas)”, apuntó. 

“No lo vi en nadie”

   Aún ligado a la actividad a través de la participación de su hijo Martín, Adriano Camilli, “El Gringo”, fue el encargado de dar el punta pié inicial para el comienzo de esta historia...

   “Habíamos discutido con Roberto Tarulli por la rotura del motor que yo preparaba acá en el taller. Quedó el Midget parado y se acercó interesado un muchacho de Puán, que al final no pudo por su actividad en otra categoría. 'Te voy a mandar un pibe que anda muy bien en karting', me dijo. Y ahí se apareció Daniel, con quien trabajamos varios años con mi auto y el motor Fiat 1600”, sostuvo.

   “Hasta que falleció nunca perdimos trato ni relación. Yo lo apreciaba mucho al flaco, porque era muy sincero, frontal y conocedor del tema. Además era muy rápido. Nunca vi a un piloto hacer tantos trompos como él, pero que aún así siguiera persiguiendo al de adelante sin perder velocidad. Lo habrá sacado del karting, o no sé”, destacó de Fino.

   “Me gusta la gente de campo así como era él. Un tipo simple, sencillo, modesto y con muchos códigos. Era gente de verdad, con sus problemas, pero siempre yendo de frente y con la verdad”, cerró. 

“Me iba a ver cuando corría en moto”

   Otra de las tantas amistades que Fino forjó a través de los fierros fue con Luis Alberto Vallejos, múltiple campeón de Speedway, vigente piloto de Midget.

   Curiosamente, Luis se acreditó el trofeo “Víctor Daniel Fino” en dos ocasiones, premio que año a año, en conmemoración de un nuevo aniversario de su fallecimiento, entrega la familia Camilli al más rápido en semifinales.

   “El día anterior al accidente había estado todo el día conmigo en mi taller de Carhué, haciendo inventos y buscando cosas para desarrollar. Era muy entusiasta y emprendedor. Hasta llegamos a copiar las levas de las motos para tratar de aplicar al Midget. El último tiempo pasábamos mucho tiempo juntos”, contó emocionado.

   “Lo más importante para él era el Midget. De hecho, además de atender su auto, le daba una mano grande a Pablo Lamariano y consejos al que lo requería. Fue una de las mejores personas que conocí. Era capaz de viajar a Buenos Aires con dos pesos y no comer, con tal de comprar fierros para el auto de carreras”, agregó.

   “Me iba a ver cuando yo corría en moto, y ahí se forjó la amistad de años. Llevábamos 10 años de relación. Cuando él fallece, pusieron el auto en venta, no lo dudé y lo compré. Ahí empecé a jorobar en el Midget”, cerró. Fuente 

 

Fotos: Archivo- La Nueva y gentileza familia Fino.

Por Tomás Arribas / tarribas@lanueva.com



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