4 de julio de 2017
La Pampa
Una excursión a la tierra del caldén

La cabalgata avanza al paso por el suelo chato del oeste de La Pampa y el bosque autóctono, que unos kilómetros atrás, en Victorica, habían dejado entrever las imágenes agrestes de la plaza Héroes de Cochicó y el parque Los Pisaderos, se apodera definitivamente del entorno rural.

Es el vasto territorio del caldén que impone presencia con sus robustas siluetas, envueltas por una corteza arrugada que se alarga en ramas crujientes, hamacadas sobre el pastizal. De esos tentáculos espinosos cuelgan las codiciadas chauchas dulces, que los pobladores originarios utilizaban para preparar chicha. Mucho más que la fuente a la que recurrían para conseguir la materia prima para su bebida ancestral, los ranqueles reconocen en el árbol más representativo del paisaje pampeano una compañía infaltable desde hace milenios.Un histórico malentendido relegó al olvido al árbol emblemático y allanó el camino para la la deforestación: a mediados del siglo XVIII empezó a ganar cuerpo entre las familias más acomodadas de Buenos Aires la creencia de que “La Pampa tiene el ombú”. Ese grueso error de apreciación desplazó a un segundo plano al caldén, cuya preciada madera sirvió de combustible para las panaderías y las calderas de las locomotoras, mientras escaseaba el carbón de Gran Bretaña, sumida en las necesidades de la Primera Guerra Mundial. Un camino de tierra se desvía de la ruta 105 y la polvareda que levanta el trote acompaña a los caballos y sus jinetes hasta otro manojo de caldenes, del que emerge la escultura de piedra que señala la entrada al Parque Indígena Leuvucó. Es hora de desensillar y probar las bondades del afamado jamón de ciervo y de jabalí de estas latitudes. En el mínimo paraje, ubicado a unos 25 kilómetros hacia el norte de Victorica, todavía resuenan los ecos del Weñoy Tripantu, el Año Nuevo que las comunidades y organizaciones del pueblo ranquel celebran cada 24 de junio. Este silencioso rincón pampeano acaba de cobijar a una multitud de pobladores de la región, que cumplieron con el sagrado ritual que los convoca todos los años. Alzan las manos hacia el cielo para expresar rogativas por la paz, el crecimiento espiritual y el bienestar de todo el continente americano. La conmoción que provoca la ceremonia alcanza a sus protagonistas y también sacude los sentidos de los visitantes. 

Las huellas del pasado prehispánico se descubren en cada piedra, punta de flecha o pieza de alfarería, que asoman como mojones borrosos para advertir la persistencia de una cultura indeleble. Esos pequeños indicios anticipan la presencia en Leuvucó del imponente Monumento a los Ranqueles y la tumba piramidal del lonko (“cabeza”) Panquitruz Gner (“Zorro cazador de leones”).

En 2001, la devolución de los restos del cacique más venerado por los ranqueles - bautizado Mariano Rosas por Juan Manuel de Rosas, al ser tomado prisionero en 1834- a sus descendientes puso fin a un largo derrotero. Durante un siglo y medio, los despojos del líder ranquel fueron exhibidos en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, hasta que el acto de reparación histórica devolvió a la comunidad de sus descendientes una pieza fundamental de su identidad. 

El caldén y los primitivos habitantes de estas tierras poco transitadas animan varios pasajes de las crónicas redactadas por Lucio V. Mansilla en “Una excursión a los indios ranqueles”. Aún hoy, el escenario que describe el militar escritor parece haber quedado cristalizado en los tiempos fundacionales de Victorica, la población más antigua de La Pampa, establecida como Fortín Resina (“Echohué”, según una voz araucana-ranquel) en 1882.

Si bien la cultura criolla y el legado de los pueblos originarios se entremezclan, es sencillo concluir que Victorica representa el símbolo de la avanzada militar sobre las tierra de los ranqueles en el marco de la Conquista del Desierto, al tiempo que Leuvucó reivindica la presencia ranquel y rescata las tradiciones de esta etnia emparentada con los mapuches. Al Cristo Crucificado -labrado sobre un tronco de caldén por un artesano en el parque Los Pisaderos- de Victorica, Leuvucó y otros poblados cercanos contraponen la fuerte pertenencia de los ranqueles a su lugar en el mundo, allí donde conservan la tradición de observar la fase menguante de la luna para contabilizar un recorrido completo del sol, el momento más esperado del año para desatar su mayor fiesta comunitaria. “Durante el gobierno de Panquitruz Gner, los ranqueles lograron progresar en agricultura, ganadería y la cría de caballos, fruto de la experiencia que adquirió cuando fue cautivo de Rosas”, destaca el Consejo de Lonkos de La Pampa. Los herederos de ese legado mantienen vivo el recuerdo de su propia historia, sin dejar de desandar a pie firme las tierras de sus antepasados. Según afirman sin alzar la voz, todavía los abriga el alma de Panquitruz y el monte de caldenes, que resiste la depredación con sus espinas afiladas. 

Imperdible

La valiosa obra del pintor Ortiz Echagüe

A 55 kilómetros hacia el sur de Victorica y a 112 kilómetros de Santa Rosa, la estancia La Holanda cobija el Museo Atelier Antonio Ortiz Echagüe, donde se exhibe parte de la obra del pintor. Desde 1933, el artista español vivió los últimos nueve años de su vida en esta finca rural. Entre los dibujos y pinturas que se pueden apreciar se destacan “Chico con rebenque”, “Paisanito tomando mate”, “El esquilador”, un retrato a lápiz y carboncillo de su amigo e instructor de polo Belcher y un óleo que representa a su hijo vestido de gaucho junto a un caballo blanco.

Ortiz Echagüe había instalado su taller en medio del bosque de caldenes en el que solía inspirarse. Después de su fallecimiento en 1942 (a los 58 años), su esposa Elisabeth conservó sus materiales, hasta que los descendientes del pintor impulsaron la creación del museo, que se ce concretó en 1998.

Miniguía

Cómo llegar. De Buenos Aires a Victorica son 754 kilómetros por Acceso Oeste hasta Luján y rutas 5 hasta Santa Rosa, 35 hasta Winifreda y 10; cinco peajes, $ 115.

Aerolíneas vuela de Aeroparque a Santa Rosa sin escala de domingo a viernes a las 21.50; ida y vuelta con impuestos, desde $ 2.744.

Bus semicama Pullman General Belgrano o Chevallier desde Retiro (11 hs. 30’), $ 810 ida; cama (8 hs. a 10 hs. 30’), $ 925; suite (7 hs. 30’), $ 1.070.

Minibus Expreso Álvarez de Santa Rosa a Victorica (2 hs.), $ 200 ida; Edu Bus, $ 170.

Dónde alojarse. Cabañas Aitué: para 6 personas con desayuno seco, DirecTV, wi-fi y cochera, $ 1.500; habitación triple, $ 700 (02954- 15577318/15465384).

Hotel Mulchén: habitación doble con desayuno, TV cable, wi-fi y cochera, $ 690; triple, $ 990; cuádruple, $ 1.050 (02954- 15444402).

Hostería Jotayé: habitación doble con desayuno, cochera cubierta, wi-fi y TV cable, $ 800; triple, $ 1.200; cuádruple, $ 1.600 (02954- 15665136).

Dónde informarse. En Buenos Aires, Casa de la Provincia de La Pampa: Suipacha 346, tel. 4326-0511, int. 2527.

En La Pampa, (02954) 15315147 / (02954) 42-4404/5060.

turismovictorica@yahoo.com.ar

infoturismo@lapampa.gov.ar

www.victorica.gob.ar

www.lapampa.tur.ar Fuente Clarín



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