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REGIONALES

18 de julio de 2016

EN EL DISTRITO DE ADOLFO ALSINA

San Miguel Arcángel, una localidad cercada por el agua

“Tenemos miedo de que la situación se agrave, que escurra el agua hacia el pueblo y nos impida salir. Los caminos principales están tapados y, con el tránsito y la lluvia, las calles vecinales se agravan.”

   Para el delegado municipal Ricardo Haucke, y las aproximadamente 600 personas que viven en San Miguel Arcángel y su zona rural, la lluvia dejó hace tiempo de ser una bendición. Desde abril pasado, los registros superaron la media anual de 690 milímetros y, junto con el agua que llega por declive natural desde el norte del distrito de Puan, se han formado diversas lagunas en campos de la región que impiden el tránsito vehicular y las tareas rurales, y que avanzan peligrosamente sobre el ejido urbano.

   Hoy en día, son varios los espejos de agua que tienen en jaque a la localidad. Al norte-noroeste, la laguna Destacamento -que en la inundación de 2001 obligó a evacuar algunas viviendas- tapona uno de los ingresos, y se abre camino lentamente hacia el sudoeste; a ella se suman Alcetegaray y Matadero que, si siguen recibiendo aportes pluviales, van a desbordar sobre el este de la localidad, provocando que el aguas utilice las calles como cauce natural

Un poco más alejadas están las lagunas Valentín Baier y Paggi Hermanos, que taponan el camino real -la ruta provincial 65- que une Carhué con Darregueira, con sectores en los que el agua supera el metro y medio de altura.

   Para el sur, la situación no es tan complicada, pero igual genera problemas. Los espejos de agua formados en los campos de Gabriel Keep y Aníbal Anelot y Paggi Hermanos impiden el paso en los caminos principales hacia Darregueira.

   Es decir, lenta e inexorablemente la población está quedando rodeada.

“Corre riesgos la salida de la gente del pueblo. Y ni hablar de aquellos que tienen la producción en los campos y no pueden sacarla. Lógicamente, ese es otro trastorno, porque al estar el campo saturado de agua, un camión y acoplado de 30 mil kilos seguramente se hundirán y no se podrá sacar el cereal”, reconoce.

   Por si fuera poco, no es un problema que se pueda solucionar de un día para otro. En el mejor de los casos, la zona se desagotaría en unos dos años, si el régimen de lluvias es normal. Además, se corre el peligro de que una precipitación de unos pocos milímetros complique el panorama.

   “Si mañana cayeran 150 milímetros llegaría una masa de agua muy grande desde el norte de Puan”, admite Haucke.

 “La tierra ya no tiene capacidad de absorción, y todo el agua converge en nuestra zona debido a un declive natural. Por ejemplo, si desbordaran las lagunas Alcetegaray y Matadero, el agua terminaría canalizando por los laterales del pueblo, hacia un lugar natural de decantación”, asegura.

   Esto, explica, cortaría la salida sur de la localidad en forma transitoria y traería varios trastornos y malestar a los vecinos.

   En los caminos en que se puede circular, la situación dista mucho de ser la ideal. Al usarse en forma constante, se forman acanalamientos, huellas y pozos casi imposibles de ser detectados por la concentración de agua; y como generalmente se encuentran por debajo de la cota de los campos, son usados por el agua para escurrir.

   Por ejemplo, para unir San Miguel con Carhué, a los 42 kilómetros de siempre hay que agregarle otros 18 de caminos alternativos; y al tiempo de viaje hay que duplicarlo o triplicarlo, dependiendo de la cantidad de barro y de agua que haya en ellos.

   Y si el destino es un establecimiento rural alejado de los caminos principales, la situación empeora. Para transitar los 18 kilómetros que separan la localidad del tambo del productor Pablo Jacquier, hacia el este, hay que evitar una laguna artificial; ingresar en tres o cuatro campos; y circular casi a paso de hombre por los caminos para evitar roturas o anegamientos.

   Muchos chacareros hacen esto entre una y dos veces al día -a la ida y a la vuelta-, y les lleva entre media y una hora de tiempo; por supuesto, si no llueve. En caso contrario, ni siquiera se arriesgan a salir de los campos.

En los establecimientos rurales, en la zona plenamente productiva, la situación también dista mucho de ser -por lo menos- aceptable: la acumulación de humedad bajo la tierra imposibilita la absorción, y el agua se junta por encima del suelo, inundando todo a su paso; algo similar ocurre con los lotes de siembra directa, que impiden la pérdida (y por consiguiente, el ingreso) de humedad. Los rastrojos, campos de soja o campos pelados están hoy inundados o a medio inundar, con un suelo que no soporta el paso de un animal, una camioneta y, mucho menos, de una maquinaria.

Se analiza un proyecto de canalización hacia la laguna Chasilauquen

   La Dirección Provincial de Saneamiento y Obras Públicas está estudiando la posibilidad de reflotar un viejo proyecto de canalización de aguas hacia la laguna Chasilauquen, ubicada al norte de San Miguel.

   El intendente de Adolfo Alsina, David Hirtz, manifestó que se trata de una obra posible de realizar tanto por el aspecto técnico como el económico.

   “Ya revisamos un proyecto, y hay que conseguir el permiso de los productores por cuyo campo pasaría el canal. Si esto ocurriera, me animo a decir que las autoridades de la Provincia invertirían el dinero necesario para dar una solución efectiva, y podría ingresar en el presupuesto bonaerense del año que viene”, aseguró.

   Para el jefe comunal, la situación que está viviendo la zona sur del distrito es “grave y compleja”, con caminos que se comprometen, aunque lluevan escasos milímetros.

   “Desde el municipio, con el apoyo de las áreas de Hidráulica y Vialidad de la Provincia estamos abriendo caminos alternativos, buscando asegurar la salida de la producción.

   “Hay zonas con un metro y medio de agua; y desvíos que se producen por caminos vecinales que se tratan de consolidar, pero que no están preparados para el transporte de cereal”, lamentó.

   Para Ricardo Haucke, el proyecto de canalización representa “una lucecita allá, al fondo del túnel”.

   “Esto le da una esperanza a nuestro pueblo. Tenemos la ilusión de que nos den una solución definitiva a este problema que data de muchos años, y por el que nunca se hizo nada”, aseveró.

¿Cuál será el destino de la producción?

   Haucke manifestó que uno de los principales problemas a futuro es la pérdida de ingresos para los productores de la localidad, que al no poder trabajar normalmente los campos, no podrán sembrar de cara a la siembra fina. Cuanto mucho, reconoce, algunos estarán en condiciones de hacerlo sobre fin de año, pensando en la gruesa.

   “De las 70 mil hectáreas afectadas hoy en el distrito de Adolfo Alsina, aproximadamente la mitad estaría en condiciones de trabajarse en una hipotética siembra de gruesa. Aunque es muy difícil de evaluar”, señala.

   “Hoy en día, vemos a muchos tamberos de nuestra zona estudiando la posibilidad de dejar la actividad. ¿Qué vamos a hacer? Porque si se van y después quieren retomarla, no tendrán más remedio que empezar de cero”, analiza.

A pesar de todo, Haucke señala que el deseo no pasa porque no haya más precipitaciones: que llueva, pero que lo haga con normalidad.

   “Si las precipitaciones se cortan hoy hasta noviembre, no sé qué podría pasar con la cosecha de cebada. Nos veríamos complicados con la falta de agua, a pesar de tener los campos inundados”, asegura.

   Haucke señaló que es necesario que desde el Estado se piense en una manera de ayudar a estos productores, más allá de las declaratorias de emergencia o desastre agropecuario.

   “Si se corta la cadena productiva este año, va a ser muy difícil soportar o tener reservas para llegar hasta el próximo y empezar de nuevo. Hoy una siembra requiere una suma importante de dinero”, reconoce.Por Hernán Guercio / hguercio@lanueva.com / Enviado especial

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