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REGIONALES

28 de noviembre de 2014

Cinematográfica persecución en Bernasconi

Entró a robar, se atrincheró, le disparó a la policía

Entró a robar, se atrincheró, le disparó a la policía, huyó y un uniformado evitó que se suicide con un balazo que le sacó el arma de la mano en el momento justo. 

Un hecho policial, como en las películas, sobresaltó a la población de Bernasconi durante la madrugada de este jueves. Un joven entró a robar en una casa de Bernasconi. Un vecino escuchó ruidos y llamó a la policía. Cuando los efectivos rodearon la casa y le dieron la voz de alto, el ladrón se atrincheró. Les disparó en cinco oportunidades a los uniformados. Y se escapó en el auto del dueño de casa, un Peugeot 306, luego de romper el portón del garage y una reja de la vereda. Un policía le disparó a una rueda. Pero igual huyó en una alocada carrera por caminos vecinales.

El ladrón abandonó el auto luego de doce kilómetros y se introdujo en un cuadro con un monte de plantas altas. Cuando se hizo de día, salió caminando y los policías que lo esperaban lo interceptaron. En ese momento, apoyó el revolver en la cabeza para suicidarse. En una fracción de segundo, el jefe de la grupo GEO, Carlos Sosa, disparó con la 9mm y la bala pegó en el caño del arma del ladrón, un revolver 32, que voló por el aire.

El ladrón fue reducido y quedó detenido en la Alcaidía de General Acha. Ahora será acusado por robo, resistencia a la autoridad, daños, y los disparos que efectuó a los uniformados. Fue identificado como Juan Manuel Leiva, de 25 años de edad. Es de Tierra del Fuego, tiene parientes en Bernasconi y hacía un mes que se había radicado en el pueblo. Vivía de changas. Según las fuentes policiales, balbuceaba incoherencias y habría actuado bajo los efectos de la ingesta de alcohol u otras substancias. En el cinematográfico operativo actuaron policías de la localidad, de Acha, y una delegación del Grupo Especial de la Policía.

La cronología del inusual episodio se inició a las 2.30 horas. La comisaría de Bernasconi recibió un llamado telefónico de un vecino de la calle Güemes porque en la casa de al lado, cuyos moradores no estaban en ese momento, sentía ruidos, como si alguien levantara las persianas del frente.

Dos policías llegaron hasta el lugar y observaron que había una persona en el interior. Uno de los uniformados se apostó en la puerta del patio y otro en la del frente. Le dieron la voz de alto y el ladrón se quedó quieto, sin responder.

El policía empujó la puerta del frente y entró. “Salí o te mato”, le dijo el ladrón. El uniformado alcanzó a correrse de la trayectoria de tiro un segundo antes de esucharse el disparo.

Los policías se comunicaron a la Unidad Regional con sede en Acha y pidieron refuerzos. En el interín, se sumó el resto del personal del pueblo: cinco policías en total. Desde el interior de la casa, el ladrón hizo cuatro disparos más, intimidatorios, ante los peidods de los uniformados para que se entregara.

Escape

Alrededor de las 4, los policía que rodeabna la casa escucharon el rugido de un motor desde el interior de la vivienda. Enseguida, un rechinar de cubiertas. Y, estupefactos, observaron como un auto, marcha atrás, destrozó el portón, volteó la reja de la vereda, dio medio vuelta y emprendió la fuga a toda velocidad.

En esa circustancia, uno de los policías disparó a las ruedas y reventó un neumático delantero. Sin embargo, el ladrón no bajó la velocidad y continuó el escape con la cubierta en llanta.

Leiva consiguió alejarse del lugar, retomó por una clle de tierra, paralela a la vías, que llega hasta la localidad de Abramo. A 12 kilómetros del pueblo, giró a su izquierda e ingresó a otro camino vecinal, para abandona el vehículo e ingresar a un cuadro, con un monte alto.

Los uniformados desistieron de continuar la persecución por la peligrosidad de la operación. En ese momento, reinaba la oscuridad. Decidieron esperar la luz diurna para comenzar el rastrillaje.

A esa altura de la madrugada, el comisario José Armando González, de la URII, efectivos del Grupo GEO, y dos negociadores de la policía arribaron a Bernasconi. Revisaron la vivienda que ocupaba Leiva desde hace un mes, en una quinta a 400 metros del pueblo, y no encontraron nada raro.

Un disparo certero

Cuando ya había amanecido y todavía no se había iniciado el rastrillaje, un grupo de policías que regresaba a la localidad por un camino vecinal, encontró casualmente a Leiva, caminando tranquilamente por un camino vecinal, a 2 mil metros del pueblo.

Cinco efectivos del GEO bajaron de los móviles y se acercaron a Leiva. Cuando estaban a diez metros, el ladrón sacó el arma de su cintura y colocó el caño en la sien. En esa fracción de segundo, luego de un breve intercambio de palabras, el comisario Sosa disparó su 9 milímetros y el balazo pegó en el caño del 32 que tenía Leiva en la mano.

“El arma saltó limpita. Ni con 500 tiros lo podría hacer yo. Fue de película, una cosa es contarlo y otra verlo”, relató el jefe de la URIII, José Armando González.

Leiva fue reducido rápidamente por los policías. Según contaron, hablaba incoherencias. “A la cárcel no voy a volver”, se les escuchó decir. Luego fue trasladado a General Acha. El fiscal de turno inició un expediente por robo, resistencia, daño y atentado a la autoridad. En el interior del auto, la policía secuestró bijouterie que había sacado de la vivienda al a que ingresó. El dueño de la casa es un hombre que trabaja en el campo, por eso no estaba allí.

Fuente: El Diario

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