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MEDIO AMBIENTE

10 de agosto de 2021

La enseñanza de los juegos de Tokio

Reflexionando en torno a lo que dejaron los Juegos Olímpicos de Tokio

Simplemente, quiero dejarte unas reflexiones acerca de una cuestión que es colateral desde el punto de vista deportivo, pero que se coló con enorme fuerza en el fárrago de las competencias. El calor, el tema que atraviesa a toda la humanidad, a todas sus actividades. Incluso al agro, que también está en debate, aunque también puede ser parte de la solución.

No fue chiste. A lo largo de los días, las noticias sobre el clima inclemente se iban acumulando. Atletas derrumbándose en el medio de una carrera, las chicas holandesas del hockey con chalecos refrigerantes, Nole Djokovic negándose a jugar a mediodía. No eran excusas para las malas performances. Era la temperatura incompatible con el alto rendimiento, que por supuesto afectan de modo diferente a distintos individuos.

Y ahora empiezo a ver que proliferan artículos sobre la cuestión. En particular, la prensa que se ocupa de las vías que encontró la humanidad para afrontar esta tremenda amenaza ambiental. Como The Digest, un portal de bioeconomía donde su columnista Helena Tavares Kennedy dijo ayer que “Los Juegos Olímpicos de Tokio acaban de finalizar y pasarán a la historia como los más calurosos registrados con calor y humedad extremos que obligan a cambiar los horarios de las pistas, el tenis y el fútbol femenino”, y el presidente de World Athletics, Sebastien Coe, dice: "No tienes que ser un devoto del cambio climático o un negador para saber que el mundo se está calentando. Probablemente signifique una discusión global sobre el calendario y cómo organizamos los eventos”.

Paradójicamente, Tokio se había preparado para darle una lección al mundo en materia de sustentabilidad. Desde el detalle de las medallas, hechas con material reciclado, hasta el transporte con hidrógeno, producido nada menos que a partir de una central fotovoltaica construida en Fujushima, el sitio donde estaba la planta nuclear que destruyó el tsunami de 2011. Hidrógeno verde: generado a partir de la hidrólisis del agua. Emisión cero para producirlo, emisión cero cuando se utiliza.

La cancha de hockey donde jugaron Las Leonas se hizo con un polímero de plástico origen agro. Lo desarrolló y lo produce la brasileña Braskem, a partir del etanol de caña de azúcar. Las camas de la villa olímpica eran de cartón, origen bio, y además reciclable. Todo, todo estuvo impregnado del mensaje verde.

Y si hablamos de verde, hablemos del Siempre Verde. Es el lema de Aapresid, que precisamente esta semana inicia su congreso, que es el encuentro de la vanguardia del agro argentino. Siempre Verde y Siempre Vivo, se enriquece la propuesta del nuevo paradigma, que es mantener una cobertura vegetal viva durante todo el tiempo posible. Nuevamente en modo virtual, que no empalidece la realización. Decenas de paneles, talleres, presentación de productos, para gritarle al mundo que aquí estamos alineados con la misma preocupación de los japoneses. El mismo espíritu ganador para crear y llevar adelante soluciones que, de un lado, incrementan la competitividad de nuestro agro. Pero que siempre corre bajo el manto sagrado de la sustentabilidad.

En este camino, el jueves me toca moderar un panel sobre biocombustibles. Nada menos. Tokio nos desafía, porque pone sobre la mesa el problema y los medios de lucha. Nosotros habíamos avanzado con paso firme, a través de distintos gobiernos, llegando a un interesante nivel de corte de nuestra nafta y gasoil con bioetanol y biodiesel.

Lamentablemente, hace un mes se votó una ley que significó poner un pie en la puerta giratoria de la historia. Prácticamente el único aporte significativo que había hecho el país en el contexto de la lucha contra el cambio climático, fue la incorporación de los biocombustibles al transporte. Habíamos llegado a un 12%, lo que significaba más de un millón de metros cúbicos de biodiesel y otros tantos de etanol por año.

Era un buen comienzo. Pero modesto respecto a lo que está haciendo Brasil, donde tienen claro el sesgo de factores favorables a los biocombustibles y van a más. Como la mayor parte de los países desarrollados.

Más allá de los biocombustibles, nodo central de una estrategia de desarrollo sustentable, la lección de Tokio debe servir para poner a la agricultura del lado de las soluciones. Nadie avanzó tanto, en el terreno concreto, como la agricultura de estas pampas. Con la siembra directa, la utilización eficiente de la maquinaria (nadie produce con menos kilos de fierro por hectárea), el uso de sistemas de almacenaje flexible (silobolsa), la introducción de la fibra de carbono en los barrales de las pulverizadoras, y ahora en plataformas de cosecha como los strippers, que ahorran la aplicación de herbicidas en post cosecha de arroz. El desarrollo vertiginoso de las aplicaciones diferenciales de fertilizantes o semillas, según el ambiente definido con imágenes. Sumemos la “feedlotización” de la ganadería, que ahorra emisiones de CO2 y metano, la intensificación del tambo, la enorme eficiencia de la moderna producción aviar y porcina.

Hay mucho camino recorrido, y también mucho por delante. Lo que no podemos hacer es ir hacia atrás y echar por tierra nuestros mejores diplomas. No solo somos buenos en algunos deportes de equipo. Cuando haya juegos olímpicos de la agricultura, seguro nos colgaremos unas cuantas medallas.

  por Héctor Huergo

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