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ESPECTACULOS

12 de mayo de 2015

No basta con ir al programa de Tinelli para ganar elecciones

Sin comunicación, no hay política. La popularidad es importante, pero no alcanza. Sin talento político, ningún candidato puede llegar a ningún lado. Y lo bueno es que no hay recetas. No basta con ir con a Tinelli para ganar elecciones.

 

Juan Domingo Perón fue el primer político que utilizó el espectáculo para hacerse ver. Fue antes de conocer a Eva Duarte. En enero de 1944 aprovechó el terremoto que hubo en San Juan para organizar desde el aparato de comunicación que tenía en la Secretaría de Trabajo y Previsión colectas callejeras con los artistas más populares (entre ellas una jovencísima Mirtha Legrand), y luego un festival para "recaudar fondos" en el Luna Park. De hecho, recordamos ese terremoto, entre tantos que hubo antes y después en nuestro país, porque tuvo una importante inversión en comunicación, como parte de la campaña presidencial del ambicioso coronel cuando no había convocatoria a elecciones, ni posibilidades para la oposición, ya que gobernaba una dictadura y estaba implantado el Estado de Sitio.

Perón conoció en el lado Eje de Europa la importancia de la comunicación masiva para hacer política y fue un pionero en implementarla en América latina. Tenía claro que había que llegar a los que no leían diarios, sino a los que escuchaban radio o asistían al cine, menos politizados y más necesitados de ayuda. Por el contrario, casi todos los que consumían diarios estaban contra el gobierno militar y pedían libertad y democracia.

Criticar a los políticos porque van al programa de Marcelo Tinelli es despreciar el intento por llegar a las grandes mayorías, a los que no leen, a los que no militan, a los menos interesados en la política, a las personas de carne y hueso, más preocupadas por sus vidas cotidianas que por los grandes dilemas de la humanidad. Son los que dedican muy poco tiempo del día a pensar en política, un asunto que, siempre, es un tema de minorías. Llegar a los que "ven Tinelli" está muy lejos de ser bizarro: es un imperativo de la democracia.

Néstor Kirchner también lo entendía así, pero como el conductor no actuaba exactamente como él quería, buscó condicionarlo de todos los modos posibles. En el 2007, cuando Alberto Fernández era Jefe de Gabinete, lo apretó con supuestas facturas truchas. Tinelli reaccionó diciéndole "López Rega" al funcionario. Franco Lindner, en "Sexo, política y plata sucia" contó los seguimientos a los que estuvo sometido Tinelli en el 2009. Al aire, le tomó el pelo a los espías. En el 2011, algunas fotos de esos seguimientos fueron publicadas en una revista destinada a hacer aprietes, que tuvo corta vida. Algo consiguió el kirchnerismo, ya que Tinelli declaró en un reportaje que creía que "Cristina será otra vez Presidente".

Aunque nada es automático. Si bastara ir a la televisión para que la gente votara, las cosas serían mucho más sencillas. Así como no se ganan elecciones con las tapas de los diarios, sean o no favorables, tampoco con la pantalla de Tinelli. En el 2013, el carismático conductor se jugó con la campaña de Martín Insaurralde, con quien apareció reiteradamente, incluso acompañando al gobernador Daniel Scioli y al ministro Julio De Vido en el último acto antes de las elecciones. Pero nada alcanzó para derrotar a Sergio Massa entonces, ni siquiera la foto que la Presidenta le consiguió a su candidato con el Papa.

Es que además de espectáculo, se necesita desplegar la política necesaria en el momento dado. Perón no pudo hacer de Isabel otra Evita. No alcanzaba con ser iletrada y actriz -o bailarina- de poca monta. Lo que le salió bien en un momento de la historia, no tiene por qué resultarle igual en otro.

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