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23 de agosto de 2020

A 20 años del doble crimen: historias de supervivencia en medio de un dolor que no cede

Se cumple un nuevo aniversario de un caso que “marcó” a Bahía y la región: los asesinatos de Vicky y Horacio. Roberto Chiaradía, padre de la chica, y Martín Iglesia Braun, hermano del joven, contaron cómo sobrellevan el sufrimiento.

   Pérdidas irreparables cambiaron sus vidas para siempre hace 20 años, cuando se cometió el doble homicidio de Vicky y Horacio. A Roberto Chiaradía le arrebataron a su única hija y a Martín Iglesia Braun lo privaron de seguir disfrutando de su hermano mayor.
   Para el padre de María Victoria, el sentimiento de dolor es el mismo que hace dos décadas. Martín tuvo que aprender a vivir de otra forma para soportar la ausencia de su consejero, aquel con el que todas las noches compartía habitación.
   Según Roberto, la causa por los asesinatos de su hija y el novio de ella, Héctor Horacio Iglesia Braun, es un capítulo finalizado en su vida y la de su mujer Mirta, desde la condena a prisión perpetua del fallecido Gustavo Ravainera, a quien la justicia bahiense encontró coautor material de los crímenes.
   Martín se pregunta si algún día se sabrá quién o quiénes son los otros homicidas, así como se le presenta el interrogante de cuál fue el desencadenante del sangriento desenlace.
   En aquel debate de 2009, la justicia condenó al “Lagarto” Ravainera, pero absolvió por el beneficio de la duda a Gustavo Aguilar y a Héctor Fernández.
   Los jóvenes de 19 años desaparecieron el 27 de agosto de 2000 y fueron encontrados sin vida el 3 de septiembre de ese año, en un pequeño monte junto a un camino vecinal en Coronel Suárez. Presentaban disparos en sus cabezas.  
   “Con mi esposa seguimos transitando este sendero de la mejor manera posible, pero el dolor no se atenúa. Cada vez más sentimos la ausencia de mi hija porque a los chicos les cortaron el futuro y a nosotros prácticamente la vida”, describió el papá de Vicky.
   “Era nuestra única hija. Todos estamos preparados para ver morir a nuestros padres, no a nuestros hijos. Y menos de esta forma; eso es tremendo”, agregó.
   “La sensación que tenemos es la misma de hace 20 años: la pérdida de nuestra hija. Para nosotros es como si todo esto hubiera ocurrido ayer”.

 

Todos los días
al cementerio

 

   Roberto y su mujer, todos los días, van al cementerio a visitar a su hija. Al menos 10 o 15 minutos.
   “Estamos por subirnos al auto para ir al cementerio como todos los días durante los últimos 20 años. Con mi señora nos hemos acompañado el uno al otro y eso, de alguna manera, es el resultado de por qué llegamos hasta acá”, completó.
   El matrimonio concurre a diario a "la casita", como denominó Silvia Braun, la madre de Hori, al panteón donde yacen los restos de María Victoria.
   “Regamos las plantas del pequeño jardín y nos vamos. No es lo mismo que hace 20 años; los primeros tiempos eran descarnados, pero el tiempo fue pasando. Venimos a estar con nuestra hija, pero no lloramos ni gritamos”, dijo el hombre.
   Al cumplirse el próximo jueves el vigésimo aniversario de los homicidios de los adolescentes, Roberto y Mirta no harán ninguna conmemoración especial.
   “Haremos la conmemoración de siempre: ir al cementerio y estar presente con mi esposa y mi hija, como lo hacemos todos los días. Después de 20 años, esa es la forma de conmemorar la ausencia de nuestra hija”, expresó.

 

El deceso de
Gustavo Ravainera

 

   La muerte, el año pasado, de Gustavo "El Lagarto" Ravainera, quien cumplía su condena con prisión domiciliaria por padecer una enfermedad, no le generó ningún sentimiento a Roberto.
   “Fue una porquería; un tipo que mata a dos criaturas de dos tiros en la cabeza no tiene nombre. Lo que hizo es algo diabólico y sin sentido”, resaltó. 

 “Lo único que quería era que se muriera en la cárcel y no con esa morigeración por la cual lo mandaron a la casa. En el penal de Bahía (donde Ravainera primero estuvo preso) hay suficiente atención médica para haberlo asistido por el cáncer de pulmón que tenía”, remarcó Chiaradía.
   “Él eligió asentarse en Villa Iris donde vivía su hermana. Había pedido el arresto domiciliario tres veces y a la cuarta se lo otorgaron”.

 

Lo que nunca
pudo averiguar  A criterio de Roberto, la causa judicial por el doble crimen está “terminada” desde que el Tribunal en lo Criminal N° 3 impuso perpetua a Ravainera, en diciembre de 2009, y absolvió a Fernández y Aguilar.
   En 2003 la justicia había condenado a 10 años de cárcel al chapista suarense Martín Goyeneche, al autopartista de 9 de Julio, Juan Antonio Corona, y al vendedor de autos Rubén Martín, del conurbano, por la instigación al robo con armas del Chevrolet Corsa en el que viajaban las víctimas.
   El Tribunal en lo Criminal N° 1 también condenó en 2004 a Goyeneche y Corona por el "ponchado" de 2 vehículos y la tenencia de un arma de fuego.
   En el marco de esas causas conexas, los tres procesados fueron excarcelados bajo libertad condicional en 2005.
   “Lo único que me queda pendiente es saber cuál fue el encubrimiento policial real, que para mí fue muy grande. Hace unos cuantos años denunciamos en Asuntos Internos a varios policías de General La Madrid y Suárez, que habrían encubierto el hecho. Esa denuncia no se investigó”, aseguró. 

   Chiaradía indicó además que el móvil del hecho fue el robo del Corsa de Iglesia Braun, a bordo del cual la pareja había salido aquella noche de sábado, antes de ser interceptada por los delincuentes.
   “En la causa consta que alguien pidió un auto de las mismas características que el coche en el que viajaban María Victoria y Horacio. Así se empezó a mover el engranaje porque era un corredor delictivo que ocupaba casi toda la provincia de Buenos Aires".
   “Aparecieron Goyeneche, que tenía un taller chapista, otra persona que vendía autopartes robadas en 9 de Julio y un tal Rubén Martín, que vivía en Gregorio de Laferrere”, continuó.
   “Creemos que esta persona levantó el auto con los chicos y se los llevó a la ruta 33. Circulaba un auto de apoyo de los delincuentes y en un momento los iban a liberar en la ruta, pero Horacio reconoció como policía a un miembro de la banda. Ese debe haber sido el detonante para hacer lo que hicieron”.
   El tribunal acreditó la hipótesis de la fiscalía de que los ladrones interceptaron a los novios en las afueras de Bahía, los llevaron hasta Tornquist, donde María Victoria llamó por teléfono a su madre, y luego los trasladaron a un monte cercano a Suárez, donde los ejecutaron.
   “Era una banda que robaba autos y los llevaba a desarmaderos o al taller chapista de Goyeneche, donde hacían el cambio de identidad de los automóviles y los vendían”, finalizó.

 

Una vida
“partida en dos”

 

   Martín contó que tuvo que aprender a sobrellevar el dolor por la pérdida de su único hermano varón.
   “Mi vida está partida en dos, con un antes y un después. Como vivía antes de que sucediera el hecho y cómo tuve que aprender a vivir después, sobrellevando el dolor y padeciendo la pérdida de no solo mi único hermano varón, sino también de quien iba a ser mi cuñada el día que mi hermano se casara con Vicky”, explicó.
   “A veces discutíamos, pero siempre tuvimos una relación única. Hasta meses posteriores a su muerte, me despertaba a medianoche y tocaba la cama de al lado, porque dormíamos en el mismo dormitorio, para saber si era un sueño y Horacio estaba durmiendo al lado mío”.
   “Fueron momentos muy difíciles. Uno de los golpes más duros en mi vida, más allá del conocimiento de su muerte, fue llegar hasta el lugar y ver cuando levantaban su cuerpo adentro de una bolsa para introducirlo en el camión de la morgue. Esa es una imagen que nunca me la voy a olvidar”, enfatizó. 

  El ahora funcionario municipal se refirió también a una “infinidad de anécdotas” con su hermano, que le producen “muchísima alegría”.
   “Recuerdo desde partidos de fútbol, las risas y hasta salidas a (la disco) Toovak's con él. Éramos compinches en varias situaciones y siempre le pedía algún consejo por ser mi hermano mayor”, señaló Martín, que nació casi dos años después de Horacio.
   “Es una sensación extraña porque, al haber sido padre, me planteo que Horacio hubiera conocido a sus sobrinas. Mi hermana fue madre, por eso también hubiese conocido a su sobrino”.
   “Todo esto genera el interrogante de qué hubiese pasado si no hubiera pasado. Pero es lo que tocó y la vida te enseña a vivir de una manera diferente”, reflexionó.

 

Preguntas sin
respuestas

 

   Respecto de los homicidios, Iglesia Braun consideró que “se abren los interrogantes de si Horacio y Victoria reconocieron a alguien”, y si alguno de los implicados en el hecho “se vio comprometido” por esa posible circunstancia.
   “No sé si algún día sabremos quién es el otro autor (de los asesinatos). Las pruebas presentadas en el juicio oral incriminaron a Ravainera como coautor del doble homicidio, es decir que falta otro (u otros). Esos son los interrogantes que quedaron pendientes y nublan un poquito el móvil real de los crímenes”, sostuvo.
   Pero coincidió con Chiaradía en que el móvil de los delincuentes fue el robo del Corsa. Prueba de ello es la declaración de Goyeneche en el juicio: 'me mandé la macana de pedir un auto', según analizó.
   Por otra parte, el fallecimiento de Ravainera no significó un “alivio” para Martín. 

   “Pienso que toda persona que comete un delito debe cumplir la totalidad de la condena y reparar el daño a la sociedad con la pena impuesta, tal como establece el Código Penal. Lo que debe primar es el cumplimiento de la ley. Su muerte no va a devolver la vida de Victoria ni la de Horacio, por eso no significa nada para mí”, reconoció.
   Martín hace rato que no habla con Roberto ni con Mirta. Esa situación la adjudicó a “la vorágine laboral”.
   “Les tengo un aprecio enorme porque fue un golpe muy duro para las dos familias. Victoria era su única hija, lo que conlleva un dolor muy grande. Siempre les dije a los dos que me tienen a mí y a mi hermana Josefina. Sé que es difícil, pero pueden contar conmigo para lo que sea”, aclaró.
   “Uno nunca va a poder llenar ese hueco que dejó Victoria, que tenía una luz impresionante”.
 

Un elogio a
los fiscales

 

Reconocimiento. Chiaradía e Iglesia Braun destacaron la labor de los entonces fiscales Eduardo d’Empaire (actualmente juez) y Claudia Lorenzo, que investigaron el doble homicidio. Martín también valoró la tarea del abogado de la querella, Héctor Bertoncello.

Estado. Desde Fiscalía General se confirmó que el expediente “no figura como archivado” en el Sistema Informático del Ministerio Público.

Golpe. “Otro golpe fue la muerte repentina de mi papá (el comisario Héctor Iglesia) por pancreatitis aguda, justo cuando había decidido retirarse de la Policía y había empezado a hacer vida familiar. Colaboró con los fiscales de la causa”, refirió Iglesia Braun.

Luchadora. “El último golpe duro para mi familia fue el de mi mamá (Silvia Braun), por su pelea contra el cáncer. La está peleando día a día y lleva varios años luchándola. Es una sobreviviente y luchadora como pocas”, dijo Martín sobre su madre, de activo rol en la lucha por conocer la verdad y hacer justicia. Fuente La Nueva

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