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25 de julio de 2020

El bahiense Gerónimo Blint se multiplica: es misionero, cantante de tango y estudia medicina

Entre sus recuerdos aparecen anécdotas que se repiten: los juegos con la abuela, las plantas y los animales, en Colonia Santa Teresa, en La Pampa.

Gerónimo Blint nació hace 21 años en Bahía Blanca, en el seno de una familia católica que lo formó en la fe, creyendo en la gracia de un Dios amoroso que siempre ayuda y tiende la mano a los más necesitados.

   Por eso, la elección de Medicina, como carrera universitaria, fue una continuación de esa crianza de brindarse al otro, de respetar y velar por el que menos tiene.

   Entre la fe y la búsqueda de su futuro, nacieron también las ganas de disfrutar de un género musical que lo supo cautivar: el tango.

   "Si bien nunca pensé que iría a entrar de una a Medicina, quedé entre los primeros 50 y ya estoy en el tercer año de la cursada, después de una experiencia de un año en Bioquímica que no fue muy grata", recuerda ahora, entre risas.

   La carrera exige cursar un año previo de otra carrera para luego rendir el ingreso a Medicina.

   "Me encontré con una cursada llena de materias asperísimas, que me costaron bastante, y que no le recomiendo a nadie para hacer el ingreso si realmente no sentís que la bioquímica es lo tuyo". 

Si bien disfruta estudiar lo que le gusta, reconoce que hay materias más "pesadas" que requieren tiempo y dedicación.

   "Veo un futuro que me gusta y me apasiona. Elegí esta carrera por el servicio de entrega al otro. Siempre recuerdo cómo Jesús se daba a los demás sin pedir nada a cambio. El solo hecho de poder salvarle la vida a otro vale cualquier esfuerzo y sacrificio".

   Además, el suicidio de una persona cercana marcó también la decisión sobre qué orientación tomar en su carrera.

   "La salud mental es tan necesaria como la física, por eso por ahora piensa que se va a especializar en psiquiatría. Hace un tiempo escuchaba a una especialista decir que faltaban médicos que escucharan a sus pacientes en un todo para ayudarlos a sanar y me recordó lo que hacía Jesús, que además de eso consolaba y acompañaba a los enfermos".

   En su andar, Gerónimo cuenta que pertenece al Grupo Misionero Buscando Sonrisas de la Capilla San Cayetano y que su formación escolar la cumplió en las Escuelas Medias de la UNS y que al momento de elegir una orientación, se quedó con Agricultura.

   "Muchos se sorprenden, pero era lo que más se acercaba a mis preferencias. Tenía materias de biología humana, de plantas, animales y la botánica también me gusta mucho, fue una carrera que también la pensé".  

 "Tanto me gustaba la botánica que llegué a pensar en dedicarme a eso. En el colegio participé en las Olimpíadas de Biología y lo disfruté mucho, me quedaba horas después de haber terminado las clases con la profesora, estudiando y repasando en el laboratorio. Esfuerzos que dieron sus frutos porque quedé por encima de los 60 mejores del país, participando solo, no en equipo, y logré en la final de Río Cuarto, una medalla del 9 lugar, que con el tiempo entendí lo importante que había sido eso, más allá del 9° puesto. Gracias a eso la escuela me dio una beca para ayudar a los chicos que están buscando competir ahora".

   Gerónimo cuenta que desde chico lo formaron en la fe cristiana, no con un sentido de obligación, sino desde el amor a Dios y al prójimo.

"Hay un libro de un profeta que se llama Jeremías que dice 'antes de que nacieras te conocía y te consagré'. Cada persona es pensada por un ser superior, para mí que soy católico, es Dios, y todos los días descubro que ese Dios está a mi lado y me impulsa a ayudar a los demás. Santiago dice en una de sus cartas que la fe sin acciones es una fe muerta".

A pesar de sus errores, Gerónimo cree en una Iglesia que está al lado del que no la pasa bien, renovada, que muestra un Dios cercano y que vive en el prójimo. 

  "Di catequesis de Confirmación y con mi compañera Lourdes tratábamos siempre de que la enseñanza fuera vivencial. Claro que los chicos reciben la parte teórica porque hay cosas que están en los libros, pero después los llevábamos a Don Orione a pasar una tarde cantando y tocando la guitarra, o a los barrios a compartir una merienda. Yo no quería que vieran solo a Jesús en la Biblia, porque ese mismo Jesús es el que está afuera, en la calle, en la piel de un hombre con hambre que está esperando ser alimentado o en alguien que no tiene ropa".

   Según dice, descubrió con los años que Dios caminaba a su lado y que no estaba solo en la Biblia o en las paredes de la Iglesia.

   "Ser cristiano es mucho más que ir a misa los domingos. Es ser coherente con esa fe que promulgás en todos lados, es un ejercicio diario, y algo que me cuesta hacer a mí también. Jesús nos pide amar a todos y reconozco que a veces me cuesta hacerlo con esa gente que es odiadora serial, que critica y agrede a todos sin sentido. En esos momentos trato de pedirle a Dios la gracia de la humildad y  seguir adelante".

   Hace 6 meses Gerónimo se enfrentó a otra prueba de fe: se puso de novio con Valentina, una chica que conoció misionando en un apostolado llamado “Carto”, mediante el cual le entregaban viandas a las personas en situación de calle que también pertenece a San Roque y que con la cuarentena poco se pudieron ver. 

De los 6 meses que hace que salimos, solo dos pudimos vernos. Pero estamos tratando de ver lo positivo, que si podemos sobrellevarlo con paz y tranquilidad esta relación saldrá fortalecida".

   Cuentan las historias familiares que a los 9 años, Gerónimo se paraba sobre las sillas del comedor, ponía La Oreja de Van Gogh a "todo volumen" y comenzaba el show.

   "En mi familia son descendientes de alemanes en su mayoría y de chiquito me enseñaban canciones en su idioma y también aprendí a tocar el acordeón. Mi debut fue a los 9 años en una fiesta en Colonia Santa Teresa, en la Pampa, donde viven mis abuelos, con la polka La chancha se va para el maíz", recuerda entre risas.

   Con el tiempo, su gusto musical se fue adaptando a los cantantes que se escuchaban en la familia: Nino Bravo, José Luis Perales, León Gieco. 

Canté en un acto de fin de año, en 6 grado, y de ahí en más me llamaban siempre y hasta me convocaban de cumpleaños de 15 y casamientos. Por lo que sumé las canciones más alegres de Cacho Castaña al repertorio y cuando me animé a 'Garganta con arena' y 'Café La Humedad' quedé fascinado. Le dije a mi profesor de canto, Gustavo Von Holtun y empezamos a practicar con 'Melodía de arrabal', de Carlos Gardel.

   Con el tiempo, se hizo fan del gran D'Arienzo, al igual que su abuelo, pero asegura que nadie de su familia influyó en sus gustos tangueros.

   " Es más, en mi casa empezaron a escuchar tangos por mí".

   Hoy, después de 6 años de cantar en la Orquesta Típica en Conserva junto a Fiorella Guidi y Paula Barrio, Gerónimo reconoce que la música lo ayuda a expresar un sinfín de emociones.

   "La música es parte de mi vida. Es una manera de despegarme de otras cosas, me sirve para expresar emociones y hablar de tantas situaciones que uno ve a diario y que, lamentablemente, en algunos casos se mantienen actuales, como en 'Cambalache' o 'El bazar de los Juguetes'.    "Entre los tangos que más disfruto cantar, además de 'El bazar..' son 'Malena' y 'Nostalgias',  y dos que son poco conocidos por la gente -no así entre los tangueros- como 'Afiches' y 'La luz de un fósforo'. Y de los cantantes, me gustan el Polaco Goyeneche, Adriana Varela, el pianista bahiense Di Sarli y Ariel Ardit, que tiene una técnica vocal muy buena", cerró. 

Laura Gregorietti

lgregorietti@lanueva.com

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