21 de mayo de 2018
El misterioso hotel que estuvo enterrado en la arena durante más de 100 años
"Es la historia de una búsqueda y de un encuentro de dos personas que, por caminos diferentes, llegaron a encontrar el hotel desaparecido", cuenta Grigera sobre una de las primeras construcciones hoteleras en la costa de la Provincia de Buenos Aires, ubicada a solo 50 kilómetros al sur de Mar del Plata y a 15 de Miramar: el Hotel Mar del Sud, construido en 1888.

Este hotel fue el primer mojón de una urbanización que no llegó a desarrollarse por varias razones: porque nunca llegó el ferrocarril como se había proyectado, por la gran crisis de 1890 y por un entorno hostil que no daba tregua a los pioneros de la época.

Los especialistas coinciden en que, probablemente, el Hotel Mar del Sud sea también la primera gran construcción edificada más próxima al mar argentino, a poco más de cien metros del agua.

Funcionó solo dos temporadas y poco a poco fue deteriorándose por el abandono y los golpes del clima, hasta que su rastro desapareció completamente después de la primera década del siglo XX,. La ubicación de sus ruinas se transformó en un secreto que atesoraban solo unos pocos y una fuente inagotable de leyendas.

"El Hotel Mar del Sud siempre fue motivo de polémica entre los vecinos", cuenta Laureano desde Barcelona: "Estaban los que decían que nunca había existido; los que recordaban que había sido desguazado por los habitantes del lugar y los que aseguraban que se lo había tragado el mar, durante una noche de olas gigantes". 

De Mar del Sud a Mar del Sur

El proyecto del pueblo Mar del Sud no sobrevivió al nuevo siglo y quedó trunco para siempre mientras, a solo tres kilómetros al sur, otro hotel y otro trazado catastral iban tomando forma entre dos arroyos.

La nueva villa balnearia Boulevard Atlántico, ubicada tácticamente entre los arroyos La Tigra y La Carolina, también contaba con un hotel, pero de dimensiones monumentales.

El Hotel Mar del Sud y el Hotel Boulevard Atlántico fueron contemporáneos. Sus escalas y estilos eran completamente diferentes. El primero de solo una planta, a pocos metros del mar y sin grandes pretensiones más que su gran pórtico, sus arcos y sus molduras. El segundo retirado de la playa, sin las molestias de la arena, con dos amplias plantas, de estilo neoclásico y clara impronta academicista, podía divisarse a varios kilómetros a la redonda en ese extremo sudeste de la llanura bonaerense.

El duelo por la preferencia de los veraneantes lo ganó Boulevard Atlántico, no tanto por su arquitectura sino por las condiciones del terreno, lo que sellaría la suerte de la primera construcción, situada casi sobre la playa, perdida entre las dunas y en la traza de un pueblo que nunca se desarrolló pero que aún hoy existe en la nomenclatura catastral de la Provincia de Buenos Aires. Partido 33, circunscripción V, Mar del Sud, un sitio despoblado, solitario y paradisíaco de playas hermosas que los pescadores conocen como El Remanso.

Suspicacias de la historia mediante, desde el Intendente hasta el últimos de los vecinos, a la localidad de Boulevard Atlántico todos le dicen... Mar del Sur. 

Un pueblo novelesco

Quienes frecuentan la villa balnearia que este verano celebró 129 años desde su fundación prefieren no difundir sus virtudes y mantener su fama en el anonimato. No reniegan que le digan Mar del Sur aún cuando en los papeles se llame Boulevard Atlántico e incluso se ríen cuando algún desprevenido la confunde con Mar Azul.

Ubicado al sur de Miramar, cabecera del partido bonaerense de General Alvarado, en la localidad viven cerca de quinientas personas estables y tiene como atractivo la combinación del campo con el mar y el famoso hotel emplazado sobre la avenida principal que está siendo reciclado de a poco. Fuente inagotable de leyendas y disputas, todos sueñan con que el Boulevard Atlántico vuelva a recibir pasajeros algún día.

Como un pueblo chico de playas grandes cuyo magnetismo atrae a buscadores de fortuna de distintas latitudes, son frecuentes las historias de náufragos extraviados en la ruta hacia el Cabo Corrientes (Mar del Plata), las de los primeros judíos pampistas que hicieron escala en el hotel antes de fundar las colonias de Entre Ríos y, más acá en el tiempo, las del arribo clandestino de jerarcas nazis que desembarcaron misteriosamente desde submarinos alemanes después de la Segunda Guerra Mundial.

El lugar del hallazgo 

La villa también cobró triste fama cuando una banda de mafiosos que había usurpado el hotel Boulevard Atlántico mandó matar, el 28 de julio de 1996, al panadero socialista y presidente de la Cooperativa Eléctrica del pueblo, Héctor Rubí González.

Pero hasta ahora nunca se había podido documentar la ubicación precisa del Hotel Mar del Sud, la primera construcción hotelera al sur de Mar del Plata y también la más cercana al mar.

La historia del hallazgo, con la confirmación de los especialistas después de varios años de búsqueda, acaba de ser publicada en España por Laureano Clavero y Pablo Grigera en el libro "Hotel Mar del Sud, un misterio bajo la arena" (Ediciones Oblicuas, 2018). 

Un hotel fantasma haciendo señales de luces

"Llegamos al mismo punto por caminos diferentes: Laureano buscando en el territorio y yo en los archivos", cuenta Grigera: "Cuando me da la ubicación precisa, la contrasto con mis documentos y confirmo que coincide exactamente con la dirección que yo tenía en mis papeles".

Clavero conocía las historias del hotel fantasma por haber vivido en el pueblo de pequeño y también, por haberlas leído en el libro "Mar del Sud, historia y vivencias", de Osvaldo Aramendi, un antiguo poblador.

Los datos que proporcionaba Aramendi eran muy valiosos pero los que se referían a la ubicación del hotel resultaron imprecisos.

Varias veces había intentado ubicarlo de acuerdo con aquéllas coordenadas, pero sin éxito, por lo que decidió seguir otras pistas que lo llevaron rumbo a Miramar, sin más referencias que las que aseguraban que el viejo hotel estaba "al norte del arroyo La Carolina".

Durante una de sus tantas recorridas por la zona conocida como El Remanso, un lugar despoblado, mitad campo mitad mar donde originalmente había sido trazado el pueblo que nunca prosperó, Laureano realizó un recorrido paralelo al océano, y fue rastreando una y otra vez como un sabueso.

Al llegar al pie de un arroyo seco y a pocos metros de una de las playas más solitarias y hermosas de la zona, el reflejo luminoso de una serie de fragmentos acariciados por el sol lo guió hasta un enorme montículo de arena que parecía ser nada más que un médano.

Cuando ascendió al lugar, los reflejos que lo habían guiado hasta allí se convirtieron en una innumerable cantidad de pedacitos de vidrio que sobresalían entre la arena. Laureano juzgó que el material era muy antiguo y ya no tuvo dudas.

Estaba parado sobre el Hotel Mar del Sud.

Arqueología en las arenas movedizas

La historia suma un nuevo capítulo con la intervención de Daniel Schávelzon, probablemente el arqueólogo argentino más renombrado por sus hallazgos sobre el período colonial de Buenos Aires y su veintena de libros y artículos publicados sobre el tema.

"La memoria de este hotel se había desdibujado por la falta de población local. Algunos lo vieron enterrarse hasta desaparecer como Pedro Bovet, y por las fotos sabemos que hubo gente que entraba y trepaba sus paredes... Los vecinos (de Boulevard Atlántico) usaron sus rejas y ladrillos porque estaban disponibles, pero poco a poco se fue perdiendo todo rastro y hoy es imposible imaginar su presencia entre esos médanos", describen Schávelzon y Grigera en un paper titulado "El Hotel Fantasma de Mar del Sud, datos de un rescate Arqueológico", publicado en el sitio de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA.

Allí también citan otro hallazgo: la descripción de Bovet, especialista en movimiento de médanos, sobre la ruina del hotel, a la que asiste en vivo y en directo, en 1911. "Agoniza semienterrado otro edificio destinado a hotel. Las arenas ya entran por las ventanas y salen por las puertas; las habitaciones son sótanos, el edificio se encorva y sucumbe. Quise interrogar abrumado por mi soledad, pero el guardián no estaba. Sin duda esa desolación le pesaba también."

Esta descripción formó parte de un informe presentado al Congreso Forestal y Frutal de la Provincia de Buenos Aires, titulado "Cómo encarar nuestro problema de los médanos".

Bovet trabajaba para encontrar la solución al impedimento histórico que solía sabotear las urbanizaciones costeras: la naturaleza movediza de las cadenas medanosas, algo que en la zona se empezaría a resolver recién en 1923, con la creación del vivero dunícola, plantándose miles de árboles para fijar los médanos y poner a salvo a la ciudad de Miramar frente al implacable y natural avance de la arena.

Este es el origen del conocido bosque "energético" de Miramar y de todos los bosques de pinos y eucaliptos de la Costa Atlántica bonaerense.

Como las tumbas de Egipto

Cuando el arqueólogo Schávelzon se hizo presente en el lugar donde Clavero y Grigera habían constatado la ubicación del hotel, vio tres pozos.

"Lo observado es bastante aunque no explica la historia del hotel. Pero al menos nos da su ubicación exacta y su posición respecto al mar y permite sugerir algunas hipótesis", dice Schávelzon.

"Hubo y sigue habiendo operaciones de saqueo de ladrillos, algunas con pozos grandes, que dejan el escombro, o los que se rompen, en el fondo, o los arrojan a los alrededores. Una afirmación actual es que parte de las casitas de la zona, algunas muy modestas, se hicieron con esos materiales que no tenían costo".

Dice Clavero que "durante su agonía, el edificio fue desmantelado de manera furtiva al mejor estilo de las tumbas del antiguo Egipto".

Por esta razón, en abril de 2015 los investigadores enviaron un informe pormenorizado de este rescate a la Dirección de Patrimonio de la Provincia de Buenos Aires en la Ciudad de La Plata, tal como indica la legislación vigente. Como respuesta les sugirieron no brindar las coordenadas del lugar para evitar que se continúe destruyendo lo que pudiera quedar del hotel.

"A mediados de 2017 volvimos al sitio", cuenta Clavero. "El área había comenzado a sufrir cambios. Huellas de cuatriciclos y jeeps rodeaban las cercanías, así como una garita de seguridad, que vigilaba desde lejos".

"Parados sobre esa gran mole de arena, contábamos con una vista extraordinaria de los alrededores", dice el investigador, para quien "el lugar había sido elegido estratégicamente y la proximidad a la playa lo convirtieron en un sitio idílico para vacacionar".

Un sitio idílico para vacacionar, como es hoy, 130 años después.

Por: Facundo Di Genova Fotos gentileza pablo grigera laureano clavero

 

 

 



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